Trece chicas, siete de ellas menores de edad, murieron fusiladas la
madrugada del 5 de agosto de 1939 contra las tapias del cementerio del
Este en Madrid. Su delito: ser «rojas». Minutos antes habían sido
ajusticiados contra el mismo paredón cuarenta y tres compañeros de la
Juventud Socialista Unificada.Su historia fue recuperada por el
periodista Carlos Fonseca que investigó, basándose en las cartas que
ellas mismas escribieron y en los testimonios de sus familiares, la
realidad que existió detrás del mito y todo lo que rodeó la breve vida
de las Trece Rosas así como su creciente implicación política que
condujo a su detención, juicio y ejecución en la posguerra.
Empieza una gran represión, no solo en la capital, para sacar a la luz a
todos los rojos o que tuvieran indicios de serlo. Fueron momentos
difíciles para todos los afectos a la República, porque cualquiera, como
vecinos, conocidos, o supuestos amigos, eran capaces de delatar para
ganarse el afecto del nuevo Régimen.
Cada día aparecían en los periódicos del Régimen cientos de nombres de
personas, hombres y mujeres, que eran reclamados para presentarse frente
a los órganos del Estado.
En este gran libro se relata cómo se reorganizaron en la clandestinidad
(por supuesto) todas las asociaciones, tanto juveniles (JSU) como
adultas. La manera en que se ponían en contacto con viejos conocidos y
de cómo se las trataban para no levantar sospechas. La tarea no fue para
nada fácil, ya que si se reunían en las calles, no podían formar grupos
de mas de tres personas y si lo hacían en las casas corrían el riego de
ser delatados por los vecinos. La técnica mas usada en el momento fue
el usar a las chicas como enlaces, para contactar con las personas que
más tarde formarían los distintos núcleos que formaban la ciudad.
Pero, entre todas estas personas que seguían luchando en la
clandestinidad para intentar derribar el Régimen impuesto (algo a todas
luces quimérico a raíz de los acontecimientos), el autor destaca la
historia de las 13 Rosas: Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García,
Blanca Brisac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina
García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López
Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria
Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente.
Algunas de ellas menores de edad, que por haber luchado por sus ideales,
por haber participado en las diferentes asociaciones o partidos fueron
fusiladas, asesinadas, después de aguantar numerosas torturas e
interrogatorios, en la madrugada del 5 de agosto de 1939.
Se cuenta con todo lujo de detalle quienes eran, sus estudios, a qué se
dedicaban o cómo llegaron a formar parte y colaborar con estas
asociaciones. Se aporta gran cantidad de datos personales, fotografías o
dibujos, todos ellos facilitados al autor por familiares de las 13
Rosas.
El libro cuenta además con numerosos documentos como conversaciones
sacadas de entrevistas con el autor, cartas y gran cantidad de
curiosidades que harán mas dinámica la lectura y a la vez darán a
conocer en profundidad cómo estaban organizados los diferentes núcleos
sociales de esta pequeña e importante etapa de la Guerra Civil Española.
Biografía del autor
Carlos Fonseca (Madrid, 1959) es periodista y escritor. Ha
trabajado en los diarios Ya y El Independiente, la revista Tiempo y el
digital El Confidencial, y colaborador en RNE, Onda Cero,
la radiotelevisión vasca EiTB y numerosos medios escritos. Ha impartido
también conferencias sobre periodismo y memoria histórica. Como escritor
es autor del best seller Trece Rosas Rojas (2004), llevado al cine por
el director Emilio Martínez Lázaro en 2007, Luz negra (2011), Tiempo de
memoria (2009), Rosario dinamitera (2006), Garrote vil para dos
inocentes (1998) y Negociar con ETA (1996).
TRAILER "ANVIL EL SUEÑO DE UNA BANDA DE ROCK" (2008)
Título original
Anvil! The Story of Anvil aka
Año
2008
Duración
90 min.
País
Canadá
Director
Sacha Gervasi
Guión
Sacha Gervasi
Música
David Norland
Fotografía
Christopher Soos
Productora
Metal on Metal Productions, Inc.
Género
Documental | Documental sobre música
Sinopsis
Documental sobre Anvil, la banda más popular del heavy metal
canadiense. Entre 2005 y 2006 Gervasi filmó algunos shows de la banda y
también entrevistó a algunos amigos de Anvil. Cuando consideró que ya
tenía suficiente material, estrenó el documental. Se estrenó en el
festival Sundance y obtuvo una excelente acogida por parte de la
crítica. (FILMAFFINITY)
'Anvil: El sueño de una banda de rock'. Cuando el documental imita a la ficción
No hace falta saber que Anvil fueron, a su manera, unos pioneros del thrash metal: el eslabón perdido entre bandas como Iron Maiden y Metallica. Ni saber, como este documental explica con concisión y claridad al inicio, que Anvil fueron
una banda “para músicos” muy influyente – ellos perfeccionaron para el
metal la técnica del doble bombo –, pero que no supieron estar “en el
momento adecuado en el lugar adecuado”. Lo importante es que el
director, Sacha Gervasi, ha hecho una canónica, eficaz y
emotiva historia sobre personas que persiguen sus sueños luchando
contra todo y contra todos. Sólo que, en vez de apostar por las formas
de la ficción melodramática, lo ha hecho por el documental sobre heavy metal.
Gervasi es guionista de 'La terminal', de Steven Spielberg. Si se ve 'Anvil! The Story of Anvil' sin conocer este dato, no es difícil adivinar que quien ha estructurado el material es un guionista, ya que el resultado es una demostración
palpable de cómo los documentales pueden someterse igual que las
ficciones a las estrategias y los recursos que se emplean en los
guiones. Cuando se habla de manipulación en un documental, se
suelen estar planteando trucos más demagógicos o ilícitos, como la
selección sesgada de los datos que se van a transmitir, la omisión
completa de una parte de la información que no interesa que se conozca,
la elección parcial de las personas que van a intervenir e incluso la
pura y dura mentira.
Pero, sin llegar a una manipulación interesada en que el espectador
se quede con una idea o quede orientado hacia una tendencia política que
al autor le conviene, puede existir una manipulación realizada con la intención de que el espectador se emocione o de que le guste lo que está viendo más
que si fuese un mero relato de los hechos. Si los analizamos bien,
veremos que ningún documental o casi ninguno plantea los hechos con pura
frialdad y con una objetividad absoluta. La intervención es inevitable,
desde el momento en el que se está haciendo una selección, pues no se
puede mostrar todo —es igual que para hacer una fotografía se elige
desde dónde tomarla, qué incluir dentro del encuadre y qué dejar fuera—.
Pero en este caso no hablaríamos simplemente de ese tipo de
intervención imprescindible, sino de una intencionalidad mayor. Como ocurriría en las buenas películas de ficción, aquí sucede que
nos importa bien poco cuál sea el ambiente en el que se desarrolla la
historia narrada. Se trata de un grupo de heavy-metal, lo cual,
en un documental al uso, sería motivo más que suficiente para que los
únicos espectadores posibles fuesen los seguidores de este estilo
musical. Sin embargo, en el film que nos ocupa, incluso alguien que
prefiera a Laura Pausini se puede emocionar con los integrantes del
grupo Anvil. Porque lo que interesa es la historia humana que hay detrás y lo que emociona es la actitud y la personalidad de sus protagonistas. De esta manera, aunque muchos estuviesen tentados de comparar ‘Anvil! The Story of Anvil’ con el otro gran documental sobre metal de la historia reciente – la excelente ‘Some Kind of Monster’ sobre la banda Metallica – lo cierto es que son películas diametralmente opuestas. Si bien es cierto que las dos sacan a la luz aspectos del heavy metal a los que se da poco (doble) bombo – principalmente, ver a los heavies llorando
– ‘Some Kind of Monster’ adopta ropajes más propios del reality show
para que veamos la oscura trastienda que acompaña al éxito masivo. Sin
embargo, ‘Anvil’, es un drama canónico sobre perdedores con una precisión en su desarrollo argumental y con una perfección en su montaje que asustan más que el más satánico de los riffs que pudiesen componer los miembros de Anvil. Cuando hablo de casi “perfección” me refiero a que, en sus
ajustadísimos 80 minutos, todos los elementos que se ponen en juego son
tan necesarios y relevantes como aquellos que se escribirían en un buen
guión clásico: no es casual, por ejemplo que haga una somera descripción
del grupo, al inicio del documental, aprovechando las imágenes de su
participación en el Monsters of Rock de Japón. Como este detalle, muchos
más que tampoco desvelaré para no estar escribiendo “spoiler” toda la
crítica.
Rítmicamente, ‘Anvil. The Story of Anvil’ también
sabe equilibrar, de forma ejemplar, los momentos de peripecia de la
banda con aquellos otros instantes introspectivos de sus protagonistas
en los que podemos ver, con más sosiego, la amistad entre el cantante (Lips) y el batería (Robb Reiner, nada que ver con el director de ‘This is Spinal Tap’)
o la relación de éstos con sus amistades y, sobre todo, su familia. Los
personajes secundarios – productores musicales, promotores... – también
son administrados sabiamente a lo largo del metraje para ir logrando
los correctos puntos de inflexión que esta “falsa ficción” necesita. Por
poner un ejemplo: todo se estructura para que la entrada en juego el
mítico productor Chris Tsangarides – un gurú del metal
que también ha trabajado con gente como Depeche Mode o Tom Jones –
funcione como un clímax. Pero el guión, a continuación, tras haber
introducido a Tsangarides como posible salvador de Anvil, presenta un
obstáculo monetario. Y así sucesivamente: cada resolución de un
conflicto genera un conflicto nuevo. Como en las películas mejor
escritas. Incluso, en ocasiones, reaparecen ciertos personajes en situaciones
que suelen ser definidas como “oro documental” – expresión inventada a
raíz de la suerte/desgracia que tuvo Michael Moore en ‘Fahrenheit 911’ cuando
la ultraderechista y belicista madre de un soldado cambia radicalmente
de opinión después de que su hijo muera en la guerra de Irak—. No revelaré la resolución de la película pero, como en la mejor versión posible de ‘Rocky’, creo que es casi imposible no echar una lagrimita al final. Que eso pueda hacerse con un señor que toca un estridente ‘Metal on Metal’ haciendo
el solo de la guitarra con un vibrador, sólo es el mejor testimonio
posible de lo bien que ha llevado a puerto Sacha Gervasi su difícil
apuesta documental. Me pregunto si el éxito masivo de los documentales —hasta ahora eran productos para minorías o destinados a las televisiones— llevará a un futuro en el que todos estén tan estructurados como éste, a modo de ficción.
Y, de ser así, me pregunto también si esa distinción que hacemos ahora
debería borrarse, pues ya las diferencias van a ser pocas y más bien
carentes de importancia, como que los sujetos se interpreten a sí mismos
en lugar de que haya actores y que las situaciones se tomen en directo
en lugar de recrearlas. Con el tiempo, obtendremos la respuesta. Aunque
quizá la mejor pregunta no es si ocurrirá, sino si será algo positivo o, por el contrario, la pérdida de una de las vertientes del cine que más pureza podrían tener.
La familia escocesa que robaba y se comía a los viajeros
Eran caníbales. Más de mil víctimas en 25 años.
Se
sabe que el aislamiento severo de una persona con la sociedad,
retrotrae al individuo, lo hace más agresivo y lo lleva a una
involución. Sus instintos primitivos vuelven a florecer y terminan
transformando a un ser pensante en una criatura que lucha por sobrevivir
y con dos deseos claros: alimentarse y procrear.
Hubo muchos
casos de personas que por culpa del aislamiento involucionaron a sus
etapas más salvajes, pero de todos ellos se destaca el del clan de
Alexander Bean, una familia de casi 50 miembros que vivieron 25 años en
una caverna. Allí procrearon entre padres e hijos y para subsistir se
alimentaron de carne humana.
Alexander “Sawney” Bean nació en el
seno de una familia de granjeros a las afueras de Edimburgo, cerca de
la costa oeste de Escocia, a finales del siglo XVI. Su padre era
aparentemente un hombre honesto que se dedicaba al trabajo manual -sobre
todo excavar canales de riego y levantar cercas-, pero su hijo Sawney
tenía otras inclinaciones más maléficas. Un día, cansado de una vida de
pobreza y hambre, Sawney acompañado de su novia, se escapa de su hogar
siendo muy joven e inician un viaje hacia el lado opuesto del país.
Sobreviviendo de pequeños robos y pillaje, en mitad de la travesía, la
pareja decide ocultarse en una profunda caverna en la agreste y
solitaria costa de Bannane Head, cerca de Galloway. La entrada era una
pequeña grieta a través de la cual se extendía una cueva de más de 1,5
kilómetros de largo y su entrada quedaba cubierta frecuentemente por la
marea. Un sitio ideal para dos jóvenes que huyeron y no querían ser
descubiertos. Sin saberlo, esta caverna le serviría como hogar a los
Bean por los siguientes veinticinco años y se gestaría en ella una de
las historias de canibalismo más atroces de todos los tiempos.
Al
principio de sus días en la caverna, subsistían de las pertenencias que
les robaban a distintos viajantes que habían asaltado y luego
asesinado. Pero pronto sus necesidades iban a ser más exigentes. La
joven pareja comenzó a tener hijos y su estado se volvió cada vez más
salvaje debido al aislamiento. Los hijos crecieron y el incesto se
convirtió en una práctica habitual en la caverna, de tal forma que se
mantenían relaciones sexuales entre hermanos, padre e hijas, madre e
hijos, y se procreaban así nuevos vástagos. Simultáneamente, la
necesidad de comida iba en aumento, y ya no alcanzaba con comer pájaros,
algo de pescado o unas pocas frutas silvestres pues la familia seguía
creciendo en número y en apetito. La solución a sus problemas la
tuvieron frente a sus ojos, y la encontraron en los viajantes que
asaltaban y asesinaban, pero ésta vez se llevarían el cadáver a la
caverna, donde sería devorado. Y fue así, que la monstruosa familia se
hizo aficionada a la carne humana.
Durante un cuarto de siglo,
centenares de viajeros desaparecieron en las extensiones rocosas de
Galloway; lo único que se encontraba de los desdichados eran algunos
restos, partes de los cuerpos, como pies y manos o cabezas, halladas
ocasionalmente en la costa, despojos que los Bean no solían consumir y
arrojaban al mar. Estos restos humanos suscitaban las más diferentes
teorías entre los aterrados aldeanos. Una explicación era descabellada
para esta época pero no para el medioevo: podría ser que los terrenos
rocosos estuvieran habitados por hombres lobo o demonios.
Otra
era que los viajantes podrían estar siendo atacados por una manada de
lobos; sin embargo, esta hipótesis no se sostuvo durante mucho tiempo,
pues no sólo desaparecían individuos que viajaban solos, sino también
grupos de cuatro, cinco e incluso seis personas. Aunque, eso sí, nunca
atacaban a más de dos si iban a caballo. Los caníbales eran muy
cuidadosos, asegurándose las posibles vías de escape y nunca dejaban a
nadie con vida.
Con el tiempo surgió otra hipótesis: que algún
posadero debía ejecutar a sus huéspedes mientras dormían y luego
enterrarlos en un sitio aislado para no ser descubierto. Esto ocasionó
muchos juicios a inocentes que, según la tradición de la época, eran
torturados hasta que se les arrancaba una confesión de culpabilidad y
posteriormente eran ejecutados. Gran cantidad de posaderos inocentes
fueron asesinados por este motivo y muchos otros abandonaron su trabajo
por miedo a ser los siguientes. El rubro hotelero ya no era un negocio
saludable. Esto ocasionó que la zona se volviese aún más desierta y el
tránsito de mercaderes y viajeros descendiera. Esto empeoró todo porque
ya no se descansaría bajo un techo seguro, sino a la intemperie,
favoreciendo a los cazadores de hombres. Pero una tarde, un grupo de
treinta personas regresaba a casa tras haber pasado el día fuera, cuando
escucharon unos gritos delante de ellos. Al llegar al lugar del
tumulto, se encontraron con un hombre que se defendía pistola en mano
contra una banda de atacantes de aspecto salvaje, de pelos largos,
sucios y desnudos. Cerca de él, un grupo se encargaba de destripar a su
mujer que yacía en el suelo, mientras algunos de los atacantes le
arrancaban pedazos de carne y se la comían cruda. Las mujeres del clan
caníbal le habían cortado el cuello y bebían su sangre como si de agua
se tratara. El hombre, temeroso de correr su misma suerte, se defendía
desesperadamente con su pistola y su espada contra una turba de treinta
caníbales. Los viajeros, atónitos y horrorizados, no podían creer lo que
veían. Al ser descubiertos, los grotescos seres del clan de los Bean,
huyeron hacia las colinas. Al final, ya existía una prueba sobre las
misteriosas desapariciones.
La persona que aportó el testimonio
sobre lo ocurrido fue el marido de la desafortunada mujer devorada por
los monstruos. La historia llegó a oídos del rey James I de Inglaterra,
el cual decidió salir a cazar a la familia de engendros: envió a 400
soldados acompañados de perros de caza a la zona.
Las tropas del rey
rastrillaron la zona de las desapariciones, pero nada hallaron. ¿Dónde
se esconderían un número tan grande de bestias sin ser descubiertas? Se
preguntaban.
Buscaron cerca de la escarpada costa, pero nada.
Solo llamó la atención una pequeña entrada en las piedras, pero un lugar
así no podría albergar a tan numerosa familia.
Pero por
fortuna, algunos de los sabuesos entraron en la madriguera, e
inmediatamente estalló un espantoso coro de ladridos, aullidos y
gruñidos; de modo que el rey, con sus ayudantes, volvió sobre sus pasos y
examinó la entrada de la cueva, sin concebir que en un lugar donde sólo
reinaba oscuridad pudiera ocultarse algún ser humano. No obstante, al
ver que el griterío de los perros iba en aumento, y que se negaban a
salir de la cueva, empezaron a imaginar que alguien debía vivir allí. En
consecuencia fueron en busca de antorchas y un numeroso grupo de
hombres se aventuró en la caverna a través laberínticos pasajes en la
piedra, hasta que por fin llegaron a la recóndita cavidad que servía de
vivienda a aquellos monstruos.
El espectáculo que se ofreció a la
vista de los soldados fue algo que ninguno de ellos podría olvidar
mientras viviera. Piernas, brazos, manos y pies de hombres, mujeres y
niños colgaban en ristras, puestos a secar; había muchos trozos de carne
humana en escabeche, y una gran masa de monedas de oro y de plata,
relojes, anillos, espadas, vestidos de todas clases y otros muchos
objetos que habían pertenecido a las personas asesinadas.
En 25
años de soledad, la monstruosa familia de Sawney había crecido y en
aquella época, se componía de él mismo, su esposa, ocho hijos, seis
hijas y, como frutos incestuosos, dieciocho nietos y catorce nietas.
Toda
la degenerada familia, sin excepción, fue encadenada por orden de Su
Majestad. Los soldados recogieron los restos humanos que pudieron
encontrar y los enterraron en las arenas de la playa. Luego cargaron con
el botín que habían reunido durante un cuarto de siglo los asesinos y
regresaron con sus prisioneros a Edimburgo.
Sawney Bean y los
miembros de su familia no respondieron por sus crímenes ante ningún
tribunal, ya que se consideró innecesario juzgar a unos seres que se
habían mostrado enemigos declarados del género humano. Prácticamente el
aislamiento y la falta de trato con otros humanos habían hecho del clan
Bean verdaderas bestias. Deformidades producto de la cruza entre
hermanos y padres y una dieta basada solo en carne, transformaron a
estas personas en enormes, crueles y sucias criaturas.
Tras la
orden del rey, los hombres fueron descuartizados; les amputaron brazos y
piernas y los dejaron desangrar hasta que les sobrevino la muerte al
cabo de unas horas. Después de haber sido espectadores del castigo
inflingido a los hombres, la esposa, las hijas y los nietos fueron
quemados en tres hogueras distintas. Todos aquellos seres murieron sin
dar la menor señal de arrepentimiento; por el contrario, mientras les
quedó un hilo de vida, profirieron las más horribles maldiciones y
blasfemias hacia los presentes. El monstruoso clan de Sawney Bean había
desaparecido, tras 25 años de ataques a viajeros se calcula que más de
1.000 almas fueron asesinadas y devoradas por sus miembros. Hoy en las
desoladas costas de Escocia y en un escarpado acantilado se puede
apreciar la entrada a una caverna, todos saben lo que ocurrió allí y
pese a que ya pasaron más de 600 años, nadie se aventura a ingresar a
ese oscuro y húmedo lugar.
"PEDRÁ" (1995) PORTADA DEL DISCO PEDRÁ, GRABADO EN 1993 Y FINALMENTE PUBLICADO EN 1995 COMO NUEVO DISCO DE EXTREMODURO Para escribir sobre lo que fue Pedrá, hay que tirar sí o sí de las líneas que cuentan la historia de Extremoduro.
Por seguir la historia cronológicamente y
para que todos seamos conscientes del paso del tiempo, explicaremos
todo lo ocurrido desde los orígenes del proyecto (finales de 1992) hasta
la publicación del mismo bajo otro nombre (febrero de 1995).
EL DESGASTE DE LOS INICIOS
Al cabo de unos meses de ser publicado Deltoya (junio de 1992), Extremoduro
empieza a desintegrarse poco a poco y Robe parece ser que no tiene una
residencia fija; un día tocan en Barcelona y se queda allí una
temporada. Otro día tocan en Bilbao y lo mismo, pasando mucho tiempo en
esta ciudad. Habla de ello Robe:
“La diferencia de ser viajero o turista es que el turista
sabe cuándo va a volver y el viajero no y lo mismo me pasaba a mí esos
días (…) Cada uno tenía su propio problema, nos encontrábamos muy separados:
Carlos en Murcia, Salo y Luis, en Extremadura y yo en Barcelona. Había
una distancia física y mental que nos separaba, y una desgana total. En
ningún caso fue por criterios musicales diferentes. Además, es difícil
vivir en este país de la música y si no tienes muchas ganas te vienes
abajo. (…)”
Ya en 1993, Robe monta en Barcelona un grupo paralelo llamado Q3, formado por Jorge el Moja (batería), Ramón “Mon” (bajo) y Eugenio “Uge”
(guitarra), y aunque sigue tocando con los Extremo originales por toda
España, la banda no ensaya y sólo se junta para los bolos y esto hace
que Robe prepare y ensaye el nuevo material que tiene con su grupo
alternativo.
La primera baja no tarda mucho en llegar: el batería Luis Von Fanta se desanima y decide abandonar el grupo. No sería el único en este inicio de idas y venidas: Carlos “El Sucio” también abandona el barco. Habla Robe de la marcha de estas dos piezas clave:
“En España hay cuatro grupos que ganan mucha pasta; la
mayoría no se llevan un puto duro y luego hay gente como nosotros, que
nos mantenemos porque estamos tocando mucho. Pero esto significa que si
llevas dos meses sin tocar, andas debiendo en todas partes. (…) La cosa no era factible. Habría que haberle puesto muchas ganas.
Aparte de que nos encontrábamos separados en ese momento, es que era
duro aguantar la situación, y ellos se terminaron agotando.”
Durante estos primeros meses de 1993 y mientras sucedían estas adversidades, Robe vive encerrado en los locales de ensayo Rubí-Rock
inmerso en la composición de los nuevos temas. Al de poco ve que ya
tiene material suficiente como para entrar a un estudio a grabar un
nuevo disco (temas que acabarán en ¿Donde están mis amigos?) y ante la situación en la que se encuentra su banda madre, Robe le propone a la discográfica DRO
hacer un álbum en solitario, pero la compañía le pide sacar un
recopilatorio con los temas anteriores remezclados (algo en lo que Robe
también está de acuerdo).
Sin embargo las condiciones impuestas por la discográfica no convencen
en nada al poeta (entre otras, grabar y mezclar en una semana), y acaba
negándose en rotundo.
Se centra entonces en acabar de dar forma a esas mismas canciones de cara al siguiente disco de Extremoduro, para el que necesitará nuevos músicos, siendo los de Q3 los que ocuparán este lugar.
– La formación de Extremoduro, rota en 1993. De izq a dcha: Salo, Robe, Carlos y Luis.
Así, los Q3 cesaban su actividad, y
aunque el grupo nunca llegó a ser más que una aventura lúdica, de cuando
en cuando sí que habían actuado en garitos y salas de Barcelona. Habla
Robe, sobre los ensayos y conciertos de esta época:
“Fue una época de componer mucho y tocar poco, porque
para componer todas estas cosas me pasaba el día con la guitarra colgada
en los locales de ensayo (…) Los conciertos salen cada uno de una manera, son muy espontáneos;
aparte, no es lo mismo tocar delante de 500 ó 600 personas, que puedes
hacer el animal, que con cinco mil, que hay que controlar… Eran tiempos
de descontrol, pero no tanto como luego cuando todo el mundo se metía
conmigo, aquí empezaba a llegar el caos. De todas formas eran conciertos
guapos, por aquí ya llenamos por primera vez la Canciller y empezábamos
a vivir de lo que nos pagaban.”
LOS ORÍGENES DEL PROYECTO PEDRÁ
Pedrá es un proyecto
para el que a mediados de 1993 se juntan músicos de algunos de los
grupos más potentes del rock español. Cuenta el libreto del LP: “El
objetivo era grabar un disco experimental (con libertad de hacer lo que
salga de los güevos) con los músicos apropiados y con la dificultad de
que cada uno tocaba en un grupo distinto“.
El resultado es una sóla canción, que no llega a los 30 minutos, que a
día de hoy se le atribuye a Extremoduro pero que en realidad pertenece a
todos los que colaboraron en su creación, desde los diferentes músicos
incluyendo al poeta Manolo Chinato, autor de algunos de los textos, hasta Ramone, el diseñador de la portada. ¿El nombre de esta banda? PEDRÁ. Como ya hemos dicho antes, Robe se encuentra practicamente a punto de
embarcar en la grabación del nuevo disco de Extremoduro, aún con Salo
en sus filas, y acompañado por nuevos músicos. Pero es en mayo de 1993,
cuando tras un concierto de Extremoduro, Reincidentes y Rosendo (Reinci y Extremo llevaban un tiempo girando juntos), donde Selu, saxofonista de la banda sevillana,
le propone a Robe participar en un proyecto tan loco como ambicioso:
hacer un disco experimental, de corte conceptual, con más gente de otros
grupos pero con planteamientos similares, con los músicos preferidos de
cada uno. Años después, Selu lo explicaba así:
“Tenía mi grupo, que estaba por encima de todo, con sus
estructuras y sus miras, pero quería hacer algo… No un grupo, pero sí
colaborar con gente. Pensé en otros músicos, gente de La Polla, desde
luego el Robe… Buscaba acción.”
A Robe le encanta la idea y se mete de
cabeza en el proyecto, componiendo por su cuenta con la idea de que sea
una sóla canción. Los músicos de esta banda llamada Pedrá pasan a ser: Gary (batería de Quattro Clavos), Selu (saxo y cante jondo, de los Reinci), Iñaki Uoho Antón (guitarrista de Platero Y Tú), Dieguillo “D” (de Quemando Ruedas, al bajo), y Robe (voz y guitarra de Extremoduro).
El encargado de conectar a toda esta plantilla no es otro que Raúl Guerrero, con la dificultad de que cada uno se encontraba en una punta diferente del país. Finalmente este Dream Team se reune en Bilbao y poco a poco van coordinando el trabajo. Explica Iñaki Uoho:
“Fue mucho más literaria e intensa la concepción que la
grabación. Aunque la grabación también lo fue, la verdad. Porque tuvo la
capacidad de marcar una época de nuestras vidas. Nos prestaron un local
de ensayo cerca de Durango (Bizkaia); cada uno veníamos de un lado y
allí hicimos una especie de comuna. Yo era de Bilbao, e iba a dormir a
casa casi siempre. Robe estaba en casa de Iratxe de prestado; Selu,
donde podía, o también donde Iratxe… Estábamos todo el día juntos.
Comíamos de prestado, y cuando algún grupo tocaba, llevaba dinero.
Llegábamos Robe o yo, y decíamos: He tenido un concierto. Venga, voy a
pagar la cuenta de la semana pasada. En algún restaurante se enrollaban
con nosotros y nos daban el menú del día, y luego era: Aver, ¿cuánto te
debemos? e íbamos pagando la cuenta poco a poco. Hubo pelas de Pedrá
que las pagamos años más tarde. Por ejemplo, la del estudio. Aquello era
todo intensidad. (…)”
Robe también lo cuenta:
“Yo iba componiendo y cada vez que nos reuníamos en el
ensayo ya tenía preparado otro cachito. Se fue haciendo poco a poco y
cuando llegamos a media hora, dijimos, se acabó. Yo componía y entre
todos lo organizábamos”.
Los músicos, procedentes de lugares tan dispares como Sevilla, Madrid, Barcelona, Vitoria o Bilbao, fijan Zaldíbar (Bizkaia) como cuartelillo de operaciones, donde gracias a la generosidad de colegas, comen y beben mientras duran los ensayos.
– Dieguillo "D", ex-componente de Cicatriz, bajista de Pedrá. En 1999 también acompañará a Extremoduro en la gira de ‘Moñigos, morid’ –
En principio, el grupo de músicos que crean este proyecto se autodenominan Pedrá, aunque no fuera lo más fácil de vender a una compañía de discos… Cuenta Robe:
“Nuestra compañía lo sacaba pero apostando poquísimo. Eso
lo que quiere decir es que te pagues tú el estudio y si después la cosa
funciona en las tiendas te devuelven el dinero con más royalties. Eso
no nos valía porque ya estábamos entrampados con todos”.
El disco se graba, de fiado, en agosto de 1993 en los estudios Lorentzo Records de Berriz (Bizkaia). El técnico de sonido es Aitor Ariño ayudado en los mandos por Josu Monje. La producción corre a cargo de Iñaki Uoho y durante la grabación colaboran, además de los músicos antes citados, Fito Cabrales de los Platero y Ramone, de Capitán Cavernícola. Este último publica sus trabajos como dibujante en la corrosiva y extinta revista de cómic Makoki y es el encargado, como ya se ha dicho, del diseño de la portada.
Por culpa de la discográfica, el proyecto
se fue retrasando. Además el hecho de trabajar en él músicos
procedentes de lugares tan dispares, tampoco ayudaba en exceso. Todo era
más complicado de lo que parecía en principio. Con tiempo y tesón se
terminó registrando el trabajo, pero no fue editado por ninguna
compañía, dado que según Robe “resultaba difícil encontrar una
discográfica dispuesta a arriesgar ante un grupo desconocido”
A cuenta de ello, PEDRÁ, que a la postre también sería el nombre del álbum, tuvo que ser editado y firmado como EXTREMODURO en 1995.
Tras la marcha de Von Fanta y Carlos “el Sucio”,
el nuevo encargado de las baquetas pasa a ser el Moja, batería de los
Q3, y para el puesto de nuevo bajista habrá dos miembros nuevos: Ramón Sogas, “Mon”, de Q3, (bajo de 4 cuerdas) y Miguel (bajo de 5 cuerdas), al que habían conocido en los locales de Rubí-Rock.
Además, Eugenio “Uge” colabora como tercer guitarrista en algunos temas.
Así, los Extremoduro de esta época se presentaban en escena con dos guitarras y dos bajistas. Lo cuenta Robe:
“De un bajista pasamos a dos: ‘Mon’, bajo de cuatro
cuerdas, y Miguel, bajo de cinco cuerdas. Los convencionalismos no nos
van para nada. ¿Por qué en una formación, si hay dos guitarristas, no
puede haber dos bajos? En una canción, uno hace de base mientras el otro
va punteando. Aunque vayamos en la misma escala, vamos a octavas
diferentes, buscando sonidos completamente nuevos”.
– La formación de Extremoduro en un momento de 1993, aún con Salo –
Sobre septiembre de 1993 sale a la venta el cuarto disco de Extremoduro “¿Dónde están mis amigos?”, donde colabora gente cercana a Robe por esta época, como son Fernando Madina y Selu de Reincidentes o Uoho de Platero y Tú, entre otros. Poco después otro de los miembros históricos de Extremoduro tira la toalla. Saloabandona el grupo
justo antes de un concierto, y Robe y Uge pasan a ocuparse de las
guitarras del grupo. Con esta nueva formación, ya sin Salo, actúan por
primera vez en la localidad tarraconense de Mora d’Ebre, en lo que es al parecer, una actuación algo caótica… Habla Robe:
“Cada día era algo diferente. Nunca sabía si me voy a
saber las letras o no. Ese año hice dos discos… ¿Tú crees que me podía a
acordar de lo que decía LA HOGUERA? (…)
Es mi forma de hacer y al que no le guste que se joda. Tengo una manera
muy perra de cantar pero es que no puedo hacerlo de otra forma.
EXTREMODURO es así, provocamos pasiones extremas. Sé que opinan que Robe
no sabe ni cantar ni tocar la guitarra y que mis letras son una mierda,
pero también hay gente capaz de hacerse 500 kilométros para venir a
vernos”
– Robe en la sala Canciller en 1994
En 1994 y ya en mitad de la gira, nuevamente la formación del grupo sufre importantes cambios: El Moja, Miguel y Uge abandonan el grupo tras varios desencuentros con Robe, quedándose sólo Ramón “Mon”, por lo que Robe se ve obligado a tirar de la gente que le ayudó en Pedrá. Con la alineación de Uoho, Dieguillo, Gary, Selu y Robe afrontan
los siguientes conciertos de Extremoduro, tocando el disco de Pedrá al
completo (aunque no hubiera salido aún a la venta…) y otros temas del
grupo que habían preparado para salir del paso. Después de esto, y
puesto que cada uno de ellos tenía sus propios compromisos, Robe rehace
la alineación de Extremoduro y así se incorporan Alberto Capi a la batería, e Iñaki Setién“Milindris” a la guitarra, junto a Robe y “Mon”. Ya son finales de 1994 y Robe, muy cansado de tanto
cambio, decide irse a Granada a vivir mientras a su vez, presiona a la
discográfica para que publique de una vez Pedrá…
– Cartel de la compañía anunciando el disco de Pedrá como Extremoduro –
Pedrá termina convirtiéndose en un
interesantísimo proyecto musical que tuvo continuidad dentro de
Extremoduro. El disco, que no fue puesto a la venta hasta febrero de 1995,
está compuesto por una única canción de 29 minutos que va desde la pura
caña macarra y berreante, hasta las más lacerantes melodías.
Posteriormente se dividió en varios cachos
de cara a poder editar algunos fragmentos en un single promocional y
con la idea de que también Extremoduro lo incluyera en sus conciertos.
– Contraportada de single de Pedrá
Según Robe, Pedrá habla de la vida:
“En una canción de media hora hay tiempo para contar de todo. A mí es el disco de todos los que he hecho que más me gusta.”
En el libreto del CD aparece un carnet
recortable que si se envía da derecho a recibir información periódica
del grupo, descuentos en algunos conciertos y acceso directo al
merchandising de la banda. Para ofrecer algo diferente a los que envían
el carnet, Robe prepara una doble cinta que se llama “Robe, mi pequeña historia”,
y que vende únicamente a aquellos que la solicitan. En estas dos cintas
se reúne una selección de temas de Extremoduro además de 4 temas
inéditos: Autorretrato (Que saldría en el “Canciones Prohibidas” de 1998 pero que en esta versión Robe cantaba en euskera), Caballero Andante (no me dejéis así), Adiós Abanico que llegó el aire y Te juzgarán sólo por tus errores (yo no). No es un mero grandes éxitos. Para preparar estas dos cintas se remezclan los temas en los estudios Lorentzo Records, siendo Iñaki Uoho el encargado del sonido, que además introduce guitarras nuevas en diversos temas.
– La doble cinta de Robe mi pequeña historia –
Pero quizá nos estemos metiendo demasiado en detalles propios de Extremoduro. Seguiremos con lo que a Pedrá se refiere.Pedrá es oficialmente presentado por Extremoduroen Madrid el 5 de mayo de 1995 en el Pabellón del Real Madrid CF, en un concierto compartido con Platero y Tú, que por aquel entonces presentaban su disco “Hay poco R&R“. 5.000 personas se congregan para ver la entrega de dos bandas que se
encontraban en los mejores momentos de sus carreras. Durante el
concierto los dos grupos colaboran mutuamente en diversas ocasiones:
Robe sale a cantar junto a Fito Ya no existe la vida y los Platero salen al completo a cantar y tocar La hoguera y Ama y ensancha el alma.
Listado de los temas.PLATERO:Marabao, Tenemos que entrar, Un ABC sin
letras, Cantalojas, Hay poco R&R, Rompe los cristales, La maté
porque era mía, Si la tocas otra vez, Desertor, Ya no existe la vida
(con Robe), Sin solución, Juliette, Somos Los Platero, Tras la barra,
Ramón, Si tú te vas ///EXTREMODURO: Emparedado, Pedrá I (Bombas), Pedrá II
(Chocho peludo), Quemando tus recuerdos, Pedrá III (Hijos de puta),
Necesito Droga y amor, Pepe Botika, La canción de los oficios (cantada
por Mon), Historias prohibidas, Lucha Contigo (descanso), Buscando una
luna, Arrebato, Correcaminos estate al loro, Jesucristo García, No me
calientes que me hundo, Bribriblibli, Extremaydura, Central Nuclear,
Decidí (cantada por Mon), Deltoya, La hoguera (con Platero), Ama y
ensancha el alma (con Platero).
– Fito en un concierto de después, en febrero de 1996 –
Tras reventar el Pabellón del R MADRID CF, Robe se presenta en la sala Mephisto de BarcelonaStudio Rock de Madrid con Mon y su paisano José Sañudo (saxo) para dar un concierto acústico que en principio iba a estar basado en recortes de PEDRÁ. Lo cuenta Robe:
“La compañía quería que promocionáramos el último disco,
pero a nosotros no nos apetecía hacer eso, así que os vamos a tocar unas
cuantas composiciones nuevas a ver que os parecen.”
Y eso fue lo que ofrecieron, cinco temas inéditos de Agila,
con el valor de ser inéditos y enteramente en formato acústico. De esta
actuación existen algunas grabaciones, que pueden escucharse en el
siguiente enlace: Extremoduro acústico 1995.
– Acústico con canciones inéditas de Agila, en 1995 –
Todo parece ir bien después de unos meses complicados, pero de pronto la mala suerte vuelve a aparecer; la gira quiebra su curso natural cuando minutos antes de comenzar un concierto en la localidad alicantina de Pedreguer, Robe se lastima la pierna. Él mismo lo cuenta:
“Hace unos años, un hijo de puta se saltó un Stop con un
1500 y me llevó por delante y ahora me he pegado un resbalón y me he
vuelto a joder por lo que tengo que hacer el concierto sentado en un
taburete.”
La gira se interrumpe ya que el cantante
tiene que ser intervenido. Tras su recuperación se agolpan los
conciertos y llega uno de los momentos cumbres del verano con la
celebración en el Estadio Román Valero de los MONSTRUOS DEL ROCK DE AKÍ 1995, con Extremoduro cerrando el cartel…
– Cartel del festival Monstruos de akí, de 1995 –
Pero de esto ya hablaremos otro día. Para finalizar con esta intensísima época de Pedrá, contaremos que Robe prosigue con los últimos bolos de la gira presentando Pedrá y el ¿Dónde están mis amigos?.La gira finaliza en octubre y es por fín en esta gira y a pesar de
algunos conciertos caóticos, cuando la banda realiza una gira completa,
organizada y decide cuándo parar.
“Por primera vez, acabamos la gira y paramos a componer.
Es la primera ocasión en que el grupo paraba, porque hasta aquí siempre
que salía un concierto, como eran muy esporádicos, había que dejar todo
lo que estabas haciendo para poder pillar las pelas”
– Entrada Extremoduro en los inicios de la gira, en la Casilla de Bilbao, en 1995 –
Así, en octubre paran el carro y Robe se
retira a su casa de Granada a descansar y componer con calma lo que será
el mejor disco de la banda… al menos el más exitoso. El fantástico Agila. De este modo finaliza la época de Pedrá.
Una época como ya hemos dicho, intensísima para Robe, con muchos
altibajos tanto profesionales como personales, pero saliendo al paso
gracias a su constante pelea contra la adversidad. Además en estos años
se fraguan grandes amistades que darán lugar años después a proyectos y
giras con la gente de Platero y Tú; Iñaki Uoho Antón,
compositor y guitarrista de los Platero, nunca volverá a separarse de
Robe, produciendo y participando activamente en Agila, y pasando a ser
miembro oficial poco después.
Los Extremo de 1996 en casa de Robe en Granada, junto con Uoho (a la derecha)
– Contraportada del disco, con un poema de Pablo Neruda –
Extremoduro ha seguido defendiendo en
directo Pedrá en cada una de sus giras. A veces más, a
veces menos, pero siempre la han tenido presente. Recordamos un
concierto de la gira de 2004 donde tras los unos pocos temas Robe ya
anunciaba que iban a tomarse un descanso de 20 minutos. Todos nos
miramos asustados, pero las caras de susto poco durarían y es que nadie
podía esperarse que tocarían Pedrá al completo, de cabo a rabo. De hecho
no sabemos si desde 1995 lo habían vuelto a hacer… Pedrá se trata de una auténtica joya musical que
además gana valor cuando se conoce la historia que lleva detrás: la
historia de unos músicos que en 1993 se juntan para crear una locura y
plasmarla en un plástico redondo.
UFC 194: CONOR McGREGOR VENCIÓ POR NOCAUT A JOSÉ ALDO
Conor McGregor hizo historia en la UFC. El irlandés solo necesitó de 13 segundos para derrotar por nocaut a José Aldo y consagrare campeón peso pluma de la UFC. Así ‘The Notorius’ consiguió el nocaut más rápido de la historia en la UFC, en una pelea por campeonato. De hecho, José Aldo no pudo responder al violento ataque del irlandés, quien lo sorprendió desde el arranque. José Aldo, quien no perdía una pelea desde hace 10 años, acabó con su invicto de 7 peleas invictas en la UFC. “Le ruego a Dios que me dé otra oportunidad para volver a pelear por el campeonato”, dijo ‘Scarface’. Por su parte, Conor McGregor, fiel a su estilo, no ocultó su emoción sobre el octágono y le dedicó algunas palabras a José Aldo. “Nadie puede soportar mi mano izquierda”, finalizó el irlandés.
Conor McGregor venció a José Aldo en solo 13 segundos. Es la pelea más rápida de la historia por un título de UFC.
Conor McGregor aplicó el nocaut más rápido de la historia en una pelea por un título de UFC.
Chris Weidman pierde el invicto y su campeonato ante un Luke Rockhold bastante inteligente
Este sábado en el evento coestelar del UFC 194, Luke Rockhold
respaldo sus palabras y le dio a Chris Weidman la pelea más dura de su
carrera en una brutal dominación que dejó al mundo con la boca abierta.
Al final Weidman tuvo demasiado, con
Rockhold forzando la finalización en el cuarto asalto en lo que lo
convierte así en el nuevo campeón del UFC.
Chris Weidman: “Sabía
que si conseguía subirme arriba de él, demostraría que estoy muy por
encima de todos los demás. Solamente me molesta que me haya cansado tan
rápido.”
Intérpretes:James Woods, Melanie Griffith, Vincent Kartheiser, Natasha Gregson Wagner, James Otis, Peter Sarsgaard, Brent Briscoe, Paul Hipp
Argumento:Eddie Little (libro)
Guión:Christopher B. Landon, Stephen Chin
Fotografía:Eric Alan Edwards
Distribuye en DVD:Manga Films
Inspirada en un caso real y ambientada en el Medio Oeste de Estados
Unidos en los años setenta, esta apasionante película del rompedor
realizador Larry Clark ("Kids") relata las salvajes peripecias de Bobbie
(Vincent Kartheiser, "Los límites del silencio") y Rosie (Natasha
Gregson Wagner, "Alta fidelidad").Ambos forman una pareja de
adolescentes marginales, enganchados a todo tipo de drogas, que trabajan
fuera de la ley dando pequeños golpes en supermercados para garantizar
su supervivencia. Cuando Bobbie resulta malherido en una de sus
múltiples fechorías, decide refugiarse junto a Rosie en la casa de Mel
(James Wood), un experimentado delincuente que, junto a su chica, Sid
(Melanie Griffith), les introduce vertiginosamente en el peligroso mundo
del dinero rápido. Así, les invita a cometer determinados delitos en
los que, en principio, no tiene por qué haber violencia. Pero las cosas,
poco a poco, comienzan a complicarse y los asesinatos se convierten en
algo completamente habitual.