martes, 17 de mayo de 2016

DANIEL Y MANUELA RUDA "LOS SICARIOS DE SATAN"

DANIEL Y MANUELA RUDA: “LOS SICARIOS DE SATÁN”.

 
Manuela se había hecho implantar colmillos de origen canino en sustitución de los suyos naturales. Dormía en un ataúd y había aprendido a beber sangre humana, que conseguía de donantes voluntarios a través de Internet. Se aficionó a este tipo de prácticas vampíricas cuando trabajaba en un pub gótico londinense, cuya clientela estaba formada “por vampiros y también por personas normales”, según sus propias palabras. Fue allí donde, una noche de invierno, en la verde campiña inglesa, recibió su impío bautismo, iniciándose a la fe de Satán bajo la luz de la luna.

De vuelta a su Alemania natal, llevó con ella toda aquella liturgia y ritualidad satánico-vampírica aprendida. Daniel Ruda, otro joven teutón, había insertado en el diario un anuncio en el que buscaba “princesa de la oscuridad que odie a toda la humanidad”. Cuando Manuela lo leyó, supo que aquellas líneas estaban destinadas a ella.

Fue de esa manera que se conoció una de las parejas de asesinos más espeluznantes que han existido. Manuela y Daniel Ruda: los sicarios de Satán.
 
El 6 de Julio de 2001, el matrimonio formado por Daniel y Manuela Ruda logró acabar brutalmente con la vida de su amigo Frank Hackert. Habían recibido órdenes claras y precisas del Diablo: si querían asegurarse el Infierno, habrían de ganar su lugar él. Al igual que los seguidores de Cristo se hacen merecedores del suyo en el Cielo con obras piadosas y buenas obras, ellos habrían de hacerlo a través de un baño de sangre, repartiendo muerte y asegurándose de que sus víctimas pereciesen sufriendo.

Todo comenzó en el apartamento que se encuentra situado en la localidad de Witten, al oeste de Alemania. Aquella mañana del 6 de Julio de 2001 la pareja llevó a Frank Hackert antiguo compañero de trabajo de su esposo y amigo, a su casa con la intención de pasar un buen día.

Una vez en el interior de la casa, ajenos a miradas indiscretas, el joven Daniel se puso en pie y golpeó a su amigo con un martillo en la cabeza. Su esposa Manuela, que por aquel entonces contaba con veintitrés años de edad, se abalanzó sobre su amigo y le clavó un cuchillo en el corazón. El cuerpo del joven recibió un total de treinta y tres martillazos y sesenta y seis puñaladas. El número del Diablo a falta de las centenas.

Tras su fallecimiento, la pareja decidió grabarle en el pecho un pentagrama invertido, símbolo con el que suele representarse al Diablo. Posteriormente la pareja extrajo parte de la sangre de su víctima, la vertió en diversos recipientes y la bebió.

Durante el ritual la pareja recitó una letanía satánica por el alma de su amigo ya fallecido. Tras finalizar, se introdujeron en el ataúd que Manuela utilizaba para dormir e hicieron el amor.
 
La carta de Manuela a su madre.

Manuela Ruda le envió una carta a su madre en la que le decía lo siguiente:

“No soy de este mundo. Debo liberar mi alma de la carne mortal”

La madre de Manuela sospechaba de que algo no iba bien y que su hija podía haber cometido un terrible error. Alertada por este mal presentimiento avisó a la policía para que fueran a investigarla.

Tres días más tarde, los policías entraron en la vivienda del matrimonio, donde hallaron el cuerpo sin vida del joven Frank Hackert. En el interior del piso los agentes se quedaron sin palabras: la decoración era más que siniestra, la sangre del joven asesinado impregnada las paredes, había imitaciones de cráneos humanos por doquier, objetos de culto satánico y una lista en la que figuraban quince posibles víctimas.

La nota venía acompañada de una anotación que decía lo siguiente:

“Alegraos, vosotros sois los siguientes”
 
Detención y Juicio.

Tras el hallazgo del cuerpo sin vida del joven Frank Hackert la policía emite una orden de búsqueda y captura por todo el país.

Los jóvenes son arrestados tres días más tarde en una gasolinera en un pueblo al este de Jena, en Alemania.

El juicio se celebró a comienzos del 2002. El joven matrimonio apareció durante el juicio con su indumentaria satánica: ropas negras, botas militares, cruces invertidas, llamativos tatuajes...

El encargado de llevar el caso fue el juez Arnjo Kersting- Tombroke, quien escuchó atentamente las declaraciones de los acusados.

Durante el juicio, Manuela Ruda declaró cómo habían logrado matar a su amigo.

“Estábamos sentados en el sofá y de pronto Daniel se puso de pie. Golpeó con el Martillo a Frank. Mi cuchillo brillaba y escuché una voz que decía: “Apuñálale en el corazón”. Entonces se lo clavé. Vi una luz a su alrededor. Era su alma, que había salido del cuerpo. En ese momento recitamos una letanía satánica“.

Continuo su relato diciendo:

“No fue un asesinato, sino una ejecución. Satán nos lo ordenó. Debíamos obedecer, Teníamos que matar. No podríamos ir al infierno a menos que lo hiciéramos“.

Tras tomarse su tiempo, Manuela Ruda añadió fríamente:

“Queríamos asegurarnos de que la víctima sufriera”.

Los médicos que evaluaron a la pareja y que posteriormente declararon en el juicio informaron al juez de que la responsabilidad de los implicados estaba notablemente disminuida y ambos individuos mostraban síntomas de estar profundamente perturbados. A lo largo del juicio surgieron numerosos datos que apoyaban el carácter ritual del crimen. Los asesinos se habían casado el 6 de junio (el 6 del sexto mes), y llevaron a cabo su sacrificio el 6 de julio. Estas fechas configuran una conocida cifra: 666, el número de la bestia en el Apocalipsis de San Juan.

Durante el juicio, Manuela mostraba una gran repulsa hacia la luz del sol e hizo alarde de su introducción al satanismo. Al parecer todo había comenzado en el Reino Unido, el ambiente metalero la había seducido. Incluso declaró ser asidua a ciertos locales en los que se practica vampirismo. Manuela aseguró haber ingerido sangre humana de voluntarios que conocía por Internet.

Su desequilibrio la llevó a reemplazarse dos de sus dientes por colmillos similares a los de los animales para parecerse más a un vampiro. Incluso aseguro haber sido sepultada en un cementerio para saber qué se sentía.

El juez Arnjo Kersting- Tombroke dictó sentencia. La pareja debería recibir tratamiento psiquiátrico antes de ingresar en prisión.

Durante el alegato final el juez declaró lo siguiente:

“Actuaron motivados por la ira, la ira de sus mentes atrofiadas contra lo sano. No se trata de mística o magia, sino de un crimen deplorable. Los acusados se han agarrado al satanismo para huir de sí mismos. No han tenido una vida feliz. ¿A quién le gustaría estar en su piel?”

Manuela Ruda fue sentenciada a pasar trece años en prisión, mientras que su esposo pasaría quince. La familia Hackert no está en absoluto conforme con la condena que ha recaído sobre los asesinos de su hijo. Y es que el veredicto del tribunal fue bastante más leve de lo que se esperaba. No obstante, la Ley alemana permite mantener en prisión a una persona aun después de haber cumplido su condena, cuando razones de seguridad así lo aconsejan. Dada la peligrosidad y profundo estado de perturbación de Manuela y Daniel, es posible pues que jamás salgan de la cárcel.
 

Fuente: Mundo Oscuro

 

martes, 19 de abril de 2016

LITERATURA - 13 ROSAS ROJAS DE CARLOS FONSECA

 

Trece rosas rojas

Trece chicas, siete de ellas menores de edad, murieron fusiladas la madrugada del 5 de agosto de 1939 contra las tapias del cementerio del Este en Madrid. Su delito: ser «rojas». Minutos antes habían sido ajusticiados contra el mismo paredón cuarenta y tres compañeros de la Juventud Socialista Unificada.Su historia fue recuperada por el periodista Carlos Fonseca que investigó, basándose en las cartas que ellas mismas escribieron y en los testimonios de sus familiares, la realidad que existió detrás del mito y todo lo que rodeó la breve vida de las Trece Rosas así como su creciente implicación política que condujo a su detención, juicio y ejecución en la posguerra.

 

Empieza una gran represión, no solo en la capital, para sacar a la luz a todos los rojos o que tuvieran indicios de serlo. Fueron momentos difíciles para todos los afectos a la República, porque cualquiera, como vecinos, conocidos, o supuestos amigos, eran capaces de delatar para ganarse el afecto del nuevo Régimen.
Cada día aparecían en los periódicos del Régimen cientos de nombres de personas, hombres y mujeres, que eran reclamados para presentarse frente a los órganos del Estado.
En este gran libro se relata cómo se reorganizaron en la clandestinidad (por supuesto) todas las asociaciones, tanto juveniles (JSU) como adultas. La manera en que se ponían en contacto con viejos conocidos y de cómo se las trataban para no levantar sospechas. La tarea no fue para nada fácil, ya que si se reunían en las calles, no podían formar grupos de mas de tres personas y si lo hacían en las casas corrían el riego de ser delatados por los vecinos. La técnica mas usada en el momento fue el usar a las chicas como enlaces, para contactar con las personas que más tarde formarían los distintos núcleos que formaban la ciudad.
Pero, entre todas estas personas que seguían luchando en la clandestinidad para intentar derribar el Régimen impuesto (algo a todas luces quimérico a raíz de los acontecimientos), el autor destaca la historia de las 13 Rosas: Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brisac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente.
Algunas de ellas menores de edad, que por haber luchado por sus ideales, por haber participado en las diferentes asociaciones o partidos fueron fusiladas, asesinadas, después de aguantar numerosas torturas e interrogatorios, en la madrugada del 5 de agosto de 1939.
Se cuenta con todo lujo de detalle quienes eran, sus estudios, a qué se dedicaban o cómo llegaron a formar parte y colaborar con estas asociaciones. Se aporta gran cantidad de datos personales, fotografías o dibujos, todos ellos facilitados al autor por familiares de las 13 Rosas.
El libro cuenta además con numerosos documentos como conversaciones sacadas de entrevistas con el autor, cartas y gran cantidad de curiosidades que harán mas dinámica la lectura y a la vez darán a conocer en profundidad cómo estaban organizados los diferentes núcleos sociales de esta pequeña e importante etapa de la Guerra Civil Española. 

Biografía del autor

Carlos Fonseca (Madrid, 1959) es periodista y escritor. Ha trabajado en los diarios Ya y El Independiente, la revista Tiempo y el digital El Confidencial, y colaborador en RNE, Onda Cero, la radiotelevisión vasca EiTB y numerosos medios escritos. Ha impartido también conferencias sobre periodismo y memoria histórica. Como escritor es autor del best seller Trece Rosas Rojas (2004), llevado al cine por el director Emilio Martínez Lázaro en 2007, Luz negra (2011), Tiempo de memoria (2009), Rosario dinamitera (2006), Garrote vil para dos inocentes (1998) y Negociar con ETA (1996).  

 
 
 
 
 
 
Fuente: Entrelectores.com

lunes, 21 de marzo de 2016

DOCUMENTAL - ANVIL EL SUEÑO DE UNA BANDA DE ROCK

              TRAILER "ANVIL EL SUEÑO DE UNA BANDA DE ROCK" (2008)


 
Título original
Anvil! The Story of Anvil aka
Año
Duración
90 min.
País
 Canadá
Director
Sacha Gervasi
Guión
Sacha Gervasi
Música
David Norland
Fotografía
Christopher Soos
Productora
Metal on Metal Productions, Inc.
Género
Documental | Documental sobre música

Sinopsis
Documental sobre Anvil, la banda más popular del heavy metal canadiense. Entre 2005 y 2006 Gervasi filmó algunos shows de la banda y también entrevistó a algunos amigos de Anvil. Cuando consideró que ya tenía suficiente material, estrenó el documental. Se estrenó en el festival Sundance y obtuvo una excelente acogida por parte de la crítica. (FILMAFFINITY)
 
 

'Anvil: El sueño de una banda de rock'. Cuando el documental imita a la ficción

No hace falta saber que Anvil fueron, a su manera, unos pioneros del thrash metal: el eslabón perdido entre bandas como Iron Maiden y Metallica. Ni saber, como este documental explica con concisión y claridad al inicio, que Anvil fueron una banda “para músicos” muy influyente – ellos perfeccionaron para el metal la técnica del doble bombo –, pero que no supieron estar “en el momento adecuado en el lugar adecuado”. Lo importante es que el director, Sacha Gervasi, ha hecho una canónica, eficaz y emotiva historia sobre personas que persiguen sus sueños luchando contra todo y contra todos. Sólo que, en vez de apostar por las formas de la ficción melodramática, lo ha hecho por el documental sobre heavy metal. Gervasi es guionista de 'La terminal', de Steven Spielberg. Si se ve 'Anvil! The Story of Anvil' sin conocer este dato, no es difícil adivinar que quien ha estructurado el material es un guionista, ya que el resultado es una demostración palpable de cómo los documentales pueden someterse igual que las ficciones a las estrategias y los recursos que se emplean en los guiones. Cuando se habla de manipulación en un documental, se suelen estar planteando trucos más demagógicos o ilícitos, como la selección sesgada de los datos que se van a transmitir, la omisión completa de una parte de la información que no interesa que se conozca, la elección parcial de las personas que van a intervenir e incluso la pura y dura mentira.
Pero, sin llegar a una manipulación interesada en que el espectador se quede con una idea o quede orientado hacia una tendencia política que al autor le conviene, puede existir una manipulación realizada con la intención de que el espectador se emocione o de que le guste lo que está viendo más que si fuese un mero relato de los hechos. Si los analizamos bien, veremos que ningún documental o casi ninguno plantea los hechos con pura frialdad y con una objetividad absoluta. La intervención es inevitable, desde el momento en el que se está haciendo una selección, pues no se puede mostrar todo —es igual que para hacer una fotografía se elige desde dónde tomarla, qué incluir dentro del encuadre y qué dejar fuera—. Pero en este caso no hablaríamos simplemente de ese tipo de intervención imprescindible, sino de una intencionalidad mayor.
Como ocurriría en las buenas películas de ficción, aquí sucede que nos importa bien poco cuál sea el ambiente en el que se desarrolla la historia narrada. Se trata de un grupo de heavy-metal, lo cual, en un documental al uso, sería motivo más que suficiente para que los únicos espectadores posibles fuesen los seguidores de este estilo musical. Sin embargo, en el film que nos ocupa, incluso alguien que prefiera a Laura Pausini se puede emocionar con los integrantes del grupo Anvil. Porque lo que interesa es la historia humana que hay detrás y lo que emociona es la actitud y la personalidad de sus protagonistas.
De esta manera, aunque muchos estuviesen tentados de comparar ‘Anvil! The Story of Anvil’ con el otro gran documental sobre metal de la historia reciente – la excelente ‘Some Kind of Monster’ sobre la banda Metallica – lo cierto es que son películas diametralmente opuestas. Si bien es cierto que las dos sacan a la luz aspectos del heavy metal a los que se da poco (doble) bombo – principalmente, ver a los heavies llorando – ‘Some Kind of Monster’ adopta ropajes más propios del reality show para que veamos la oscura trastienda que acompaña al éxito masivo. Sin embargo, ‘Anvil’, es un drama canónico sobre perdedores con una precisión en su desarrollo argumental y con una perfección en su montaje que asustan más que el más satánico de los riffs que pudiesen componer los miembros de Anvil.
Cuando hablo de casi “perfección” me refiero a que, en sus ajustadísimos 80 minutos, todos los elementos que se ponen en juego son tan necesarios y relevantes como aquellos que se escribirían en un buen guión clásico: no es casual, por ejemplo que haga una somera descripción del grupo, al inicio del documental, aprovechando las imágenes de su participación en el Monsters of Rock de Japón. Como este detalle, muchos más que tampoco desvelaré para no estar escribiendo “spoiler” toda la crítica.

Rítmicamente, ‘Anvil. The Story of Anvil’ también sabe equilibrar, de forma ejemplar, los momentos de peripecia de la banda con aquellos otros instantes introspectivos de sus protagonistas en los que podemos ver, con más sosiego, la amistad entre el cantante (Lips) y el batería (Robb Reiner, nada que ver con el director de ‘This is Spinal Tap’) o la relación de éstos con sus amistades y, sobre todo, su familia. Los personajes secundarios – productores musicales, promotores... – también son administrados sabiamente a lo largo del metraje para ir logrando los correctos puntos de inflexión que esta “falsa ficción” necesita. Por poner un ejemplo: todo se estructura para que la entrada en juego el mítico productor Chris Tsangarides – un gurú del metal que también ha trabajado con gente como Depeche Mode o Tom Jones – funcione como un clímax. Pero el guión, a continuación, tras haber introducido a Tsangarides como posible salvador de Anvil, presenta un obstáculo monetario. Y así sucesivamente: cada resolución de un conflicto genera un conflicto nuevo. Como en las películas mejor escritas.
Incluso, en ocasiones, reaparecen ciertos personajes en situaciones que suelen ser definidas como “oro documental” – expresión inventada a raíz de la suerte/desgracia que tuvo Michael Moore en ‘Fahrenheit 911’ cuando la ultraderechista y belicista madre de un soldado cambia radicalmente de opinión después de que su hijo muera en la guerra de Irak—.
No revelaré la resolución de la película pero, como en la mejor versión posible de ‘Rocky’, creo que es casi imposible no echar una lagrimita al final. Que eso pueda hacerse con un señor que toca un estridente ‘Metal on Metal’ haciendo el solo de la guitarra con un vibrador, sólo es el mejor testimonio posible de lo bien que ha llevado a puerto Sacha Gervasi su difícil apuesta documental.
Me pregunto si el éxito masivo de los documentales —hasta ahora eran productos para minorías o destinados a las televisiones— llevará a un futuro en el que todos estén tan estructurados como éste, a modo de ficción. Y, de ser así, me pregunto también si esa distinción que hacemos ahora debería borrarse, pues ya las diferencias van a ser pocas y más bien carentes de importancia, como que los sujetos se interpreten a sí mismos en lugar de que haya actores y que las situaciones se tomen en directo en lugar de recrearlas. Con el tiempo, obtendremos la respuesta. Aunque quizá la mejor pregunta no es si ocurrirá, sino si será algo positivo o, por el contrario, la pérdida de una de las vertientes del cine que más pureza podrían tener.

Beatriz Maldivia

Fuentes: Blog de cine y Filmaffinity

  

 
 
 

domingo, 3 de enero de 2016

CRIMINOLOGIA - LA FAMILIA DE SAWNEY BEANE

                           "LA FAMILIA DE SAWNEY BEANE" (RADIO ALMA LIBRE)



 

La familia escocesa que robaba y se comía a los viajeros




Eran caníbales. Más de mil víctimas en 25 años.


Se sabe que el aislamiento severo de una persona con la sociedad, retrotrae al individuo, lo hace más agresivo y lo lleva a una involución. Sus instintos primitivos vuelven a florecer y terminan transformando a un ser pensante en una criatura que lucha por sobrevivir y con dos deseos claros: alimentarse y procrear.

Hubo muchos casos de personas que por culpa del aislamiento involucionaron a sus etapas más salvajes, pero de todos ellos se destaca el del clan de Alexander Bean, una familia de casi 50 miembros que vivieron 25 años en una caverna. Allí procrearon entre padres e hijos y para subsistir se alimentaron de carne humana.

Alexander “Sawney” Bean nació en el seno de una familia de granjeros a las afueras de Edimburgo, cerca de la costa oeste de Escocia, a finales del siglo XVI. Su padre era aparentemente un hombre honesto que se dedicaba al trabajo manual -sobre todo excavar canales de riego y levantar cercas-, pero su hijo Sawney tenía otras inclinaciones más maléficas. Un día, cansado de una vida de pobreza y hambre, Sawney acompañado de su novia, se escapa de su hogar siendo muy joven e inician un viaje hacia el lado opuesto del país. Sobreviviendo de pequeños robos y pillaje, en mitad de la travesía, la pareja decide ocultarse en una profunda caverna en la agreste y solitaria costa de Bannane Head, cerca de Galloway. La entrada era una pequeña grieta a través de la cual se extendía una cueva de más de 1,5 kilómetros de largo y su entrada quedaba cubierta frecuentemente por la marea. Un sitio ideal para dos jóvenes que huyeron y no querían ser descubiertos. Sin saberlo, esta caverna le serviría como hogar a los Bean por los siguientes veinticinco años y se gestaría en ella una de las historias de canibalismo más atroces de todos los tiempos.

Al principio de sus días en la caverna, subsistían de las pertenencias que les robaban a distintos viajantes que habían asaltado y luego asesinado. Pero pronto sus necesidades iban a ser más exigentes. La joven pareja comenzó a tener hijos y su estado se volvió cada vez más salvaje debido al aislamiento. Los hijos crecieron y el incesto se convirtió en una práctica habitual en la caverna, de tal forma que se mantenían relaciones sexuales entre hermanos, padre e hijas, madre e hijos, y se procreaban así nuevos vástagos. Simultáneamente, la necesidad de comida iba en aumento, y ya no alcanzaba con comer pájaros, algo de pescado o unas pocas frutas silvestres pues la familia seguía creciendo en número y en apetito. La solución a sus problemas la tuvieron frente a sus ojos, y la encontraron en los viajantes que asaltaban y asesinaban, pero ésta vez se llevarían el cadáver a la caverna, donde sería devorado. Y fue así, que la monstruosa familia se hizo aficionada a la carne humana.



 
Durante un cuarto de siglo, centenares de viajeros desaparecieron en las extensiones rocosas de Galloway; lo único que se encontraba de los desdichados eran algunos restos, partes de los cuerpos, como pies y manos o cabezas, halladas ocasionalmente en la costa, despojos que los Bean no solían consumir y arrojaban al mar. Estos restos humanos suscitaban las más diferentes teorías entre los aterrados aldeanos. Una explicación era descabellada para esta época pero no para el medioevo: podría ser que los terrenos rocosos estuvieran habitados por hombres lobo o demonios.

Otra era que los viajantes podrían estar siendo atacados por una manada de lobos; sin embargo, esta hipótesis no se sostuvo durante mucho tiempo, pues no sólo desaparecían individuos que viajaban solos, sino también grupos de cuatro, cinco e incluso seis personas. Aunque, eso sí, nunca atacaban a más de dos si iban a caballo. Los caníbales eran muy cuidadosos, asegurándose las posibles vías de escape y nunca dejaban a nadie con vida.

Con el tiempo surgió otra hipótesis: que algún posadero debía ejecutar a sus huéspedes mientras dormían y luego enterrarlos en un sitio aislado para no ser descubierto. Esto ocasionó muchos juicios a inocentes que, según la tradición de la época, eran torturados hasta que se les arrancaba una confesión de culpabilidad y posteriormente eran ejecutados. Gran cantidad de posaderos inocentes fueron asesinados por este motivo y muchos otros abandonaron su trabajo por miedo a ser los siguientes. El rubro hotelero ya no era un negocio saludable. Esto ocasionó que la zona se volviese aún más desierta y el tránsito de mercaderes y viajeros descendiera. Esto empeoró todo porque ya no se descansaría bajo un techo seguro, sino a la intemperie, favoreciendo a los cazadores de hombres. Pero una tarde, un grupo de treinta personas regresaba a casa tras haber pasado el día fuera, cuando escucharon unos gritos delante de ellos. Al llegar al lugar del tumulto, se encontraron con un hombre que se defendía pistola en mano contra una banda de atacantes de aspecto salvaje, de pelos largos, sucios y desnudos. Cerca de él, un grupo se encargaba de destripar a su mujer que yacía en

  el suelo, mientras algunos de los atacantes le arrancaban pedazos de carne y se la comían cruda. Las mujeres del clan caníbal le habían cortado el cuello y bebían su sangre como si de agua se tratara. El hombre, temeroso de correr su misma suerte, se defendía desesperadamente con su pistola y su espada contra una turba de treinta caníbales. Los viajeros, atónitos y horrorizados, no podían creer lo que veían. Al ser descubiertos, los grotescos seres del clan de los Bean, huyeron hacia las colinas. Al final, ya existía una prueba sobre las misteriosas desapariciones.

La persona que aportó el testimonio sobre lo ocurrido fue el marido de la desafortunada mujer devorada por los monstruos. La historia llegó a oídos del rey James I de Inglaterra, el cual decidió salir a cazar a la familia de engendros: envió a 400 soldados acompañados de perros de caza a la zona. 
 
Las tropas del rey rastrillaron la zona de las desapariciones, pero nada hallaron. ¿Dónde se esconderían un número tan grande de bestias sin ser descubiertas? Se preguntaban.

Buscaron cerca de la escarpada costa, pero nada. Solo llamó la atención una pequeña entrada en las piedras, pero un lugar así no podría albergar a tan numerosa familia.

Pero por fortuna, algunos de los sabuesos entraron en la madriguera, e inmediatamente estalló un espantoso coro de ladridos, aullidos y gruñidos; de modo que el rey, con sus ayudantes, volvió sobre sus pasos y examinó la entrada de la cueva, sin concebir que en un lugar donde sólo reinaba oscuridad pudiera ocultarse algún ser humano. No obstante, al ver que el griterío de los perros iba en aumento, y que se negaban a salir de la cueva, empezaron a imaginar que alguien debía vivir allí. En consecuencia fueron en busca de antorchas y un numeroso grupo de hombres se aventuró en la caverna a través laberínticos pasajes en la piedra, hasta que por fin llegaron a la recóndita cavidad que servía de vivienda a aquellos monstruos.

El espectáculo que se ofreció a la vista de los soldados fue algo que ninguno de ellos podría olvidar mientras viviera. Piernas, brazos, manos y pies de hombres, mujeres y niños colgaban en ristras, puestos a secar; había muchos trozos de carne humana en escabeche, y una gran masa de monedas de oro y de plata, relojes, anillos, espadas, vestidos de todas clases y otros muchos objetos que habían pertenecido a las personas asesinadas.

En 25 años de soledad, la monstruosa familia de Sawney había crecido y en aquella época, se componía de él mismo, su esposa, ocho hijos, seis hijas y, como frutos incestuosos, dieciocho nietos y catorce nietas.

Toda la degenerada familia, sin excepción, fue encadenada por orden de Su Majestad. Los soldados recogieron los restos humanos que pudieron encontrar y los enterraron en las arenas de la playa. Luego cargaron con el botín que habían reunido durante un cuarto de siglo los asesinos y regresaron con sus prisioneros a Edimburgo.

Sawney Bean y los miembros de su familia no respondieron por sus crímenes ante ningún tribunal, ya que se consideró innecesario juzgar a unos seres que se habían mostrado enemigos declarados del género humano. Prácticamente el aislamiento y la falta de trato con otros humanos habían hecho del clan Bean verdaderas bestias. Deformidades producto de la cruza entre hermanos y padres y una dieta basada solo en carne, transformaron a estas personas en enormes, crueles y sucias criaturas.

Tras la orden del rey, los hombres fueron descuartizados; les amputaron brazos y piernas y los dejaron desangrar hasta que les sobrevino la muerte al cabo de unas horas. Después de haber sido espectadores del castigo inflingido a los hombres, la esposa, las hijas y los nietos fueron quemados en tres hogueras distintas. Todos aquellos seres murieron sin dar la menor señal de arrepentimiento; por el contrario, mientras les quedó un hilo de vida, profirieron las más horribles maldiciones y blasfemias hacia los presentes. El monstruoso clan de Sawney Bean había desaparecido, tras 25 años de ataques a viajeros se calcula que más de 1.000 almas fueron asesinadas y devoradas por sus miembros. Hoy en las desoladas costas de Escocia y en un escarpado acantilado se puede apreciar la entrada a una caverna, todos saben lo que ocurrió allí y pese a que ya pasaron más de 600 años, nadie se aventura a ingresar a ese oscuro y húmedo lugar.
 
Fuente: Diariojornada.com

jueves, 24 de diciembre de 2015

MUSICA - LA HISTORIA DEL PROYECTO "PEDRÁ" PUBLICADO COMO EXTREMODURO

                                                             "PEDRÁ" (1995)


 
PORTADA DEL DISCO PEDRÁ, GRABADO EN 1993 Y FINALMENTE PUBLICADO EN 1995 COMO NUEVO DISCO DE EXTREMODURO

Para escribir sobre lo que fue Pedrá, hay que tirar sí o sí de las líneas que cuentan la historia de Extremoduro.

Por seguir la historia cronológicamente y para que todos seamos conscientes del paso del tiempo, explicaremos todo lo ocurrido desde los orígenes del proyecto (finales de 1992) hasta la publicación del mismo bajo otro nombre (febrero de 1995).

EL DESGASTE DE LOS INICIOS

Al cabo de unos meses de ser publicado Deltoya (junio de 1992), Extremoduro empieza a desintegrarse poco a poco y Robe parece ser que no tiene una residencia fija; un día tocan en Barcelona y se queda allí una temporada. Otro día tocan en Bilbao y lo mismo, pasando mucho tiempo en esta ciudad. Habla de ello Robe:
“La diferencia de ser viajero o turista es que el turista sabe cuándo va a volver y el viajero no y lo mismo me pasaba a mí esos días (…)
Cada uno tenía su propio problema, nos encontrábamos muy separados: Carlos en Murcia, Salo y Luis, en Extremadura y yo en Barcelona. Había una distancia física y mental que nos separaba, y una desgana total. En ningún caso fue por criterios musicales diferentes. Además, es difícil vivir en este país de la música y si no tienes muchas ganas te vienes abajo. (…)”
Ya en 1993, Robe monta en Barcelona un grupo paralelo llamado Q3, formado por Jorge el Moja (batería), Ramón “Mon” (bajo) y Eugenio “Uge” (guitarra), y aunque sigue tocando con los Extremo originales por toda España, la banda no ensaya y sólo se junta para los bolos y esto hace que Robe prepare y ensaye el nuevo material que tiene con su grupo alternativo.
La primera baja no tarda mucho en llegar: el batería Luis Von Fanta se desanima y decide abandonar el grupo. No sería el único en este inicio de idas y venidas: Carlos “El Sucio” también abandona el barco. Habla Robe de la marcha de estas dos piezas clave:
“En España hay cuatro grupos que ganan mucha pasta; la mayoría no se llevan un puto duro y luego hay gente como nosotros, que nos mantenemos porque estamos tocando mucho. Pero esto significa que si llevas dos meses sin tocar, andas debiendo en todas partes.
(…) La cosa no era factible. Habría que haberle puesto muchas ganas. Aparte de que nos encontrábamos separados en ese momento, es que era duro aguantar la situación, y ellos se terminaron agotando.”
Durante estos primeros meses de 1993 y mientras sucedían estas adversidades, Robe vive encerrado en los locales de ensayo Rubí-Rock inmerso en la composición de los nuevos temas. Al de poco ve que ya tiene material suficiente como para entrar a un estudio a grabar un nuevo disco (temas que acabarán en ¿Donde están mis amigos?) y ante la situación en la que se encuentra su banda madre, Robe le propone a la discográfica DRO hacer un álbum en solitario, pero la compañía le pide sacar un recopilatorio con los temas anteriores remezclados (algo en lo que Robe también está de acuerdo).
Sin embargo las condiciones impuestas por la discográfica no convencen en nada al poeta (entre otras, grabar y mezclar en una semana), y acaba negándose en rotundo.
Se centra entonces en acabar de dar forma a esas mismas canciones de cara al siguiente disco de Extremoduro, para el que necesitará nuevos músicos, siendo los de Q3 los que ocuparán este lugar.
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La formación de Extremoduro, rota en 1993. De izq a dcha: Salo, Robe, Carlos y Luis.
Así, los Q3 cesaban su actividad, y aunque el grupo nunca llegó a ser más que una aventura lúdica, de cuando en cuando sí que habían actuado en garitos y salas de Barcelona. Habla Robe, sobre los ensayos y conciertos de esta época:
“Fue una época de componer mucho y tocar poco, porque para componer todas estas cosas me pasaba el día con la guitarra colgada en los locales de ensayo (…)
Los conciertos salen cada uno de una manera, son muy espontáneos; aparte, no es lo mismo tocar delante de 500 ó 600 personas, que puedes hacer el animal, que con cinco mil, que hay que controlar… Eran tiempos de descontrol, pero no tanto como luego cuando todo el mundo se metía conmigo, aquí empezaba a llegar el caos. De todas formas eran conciertos guapos, por aquí ya llenamos por primera vez la Canciller y empezábamos a vivir de lo que nos pagaban.”

LOS ORÍGENES DEL PROYECTO PEDRÁ

Pedrá es un proyecto para el que a mediados de 1993 se juntan músicos de algunos de los grupos más potentes del rock español. Cuenta el libreto del LP:  “El objetivo era grabar un disco experimental (con libertad de hacer lo que salga de los güevos) con los músicos apropiados y con la dificultad de que cada uno tocaba en un grupo distinto“.
El resultado es una sóla canción, que no llega a los 30 minutos, que a día de hoy se le atribuye a Extremoduro pero que en realidad pertenece a todos los que colaboraron en su creación, desde los diferentes músicos incluyendo al poeta Manolo Chinato, autor de algunos de los textos, hasta Ramone, el diseñador de la portada. ¿El nombre de esta banda? PEDRÁ.

Como ya hemos dicho antes, Robe se encuentra practicamente a punto de embarcar en la grabación del nuevo disco de Extremoduro, aún con Salo en sus filas, y acompañado por nuevos músicos. Pero es en mayo de 1993, cuando tras un concierto de Extremoduro, Reincidentes y Rosendo (Reinci y Extremo llevaban un tiempo girando juntos), donde Selu, saxofonista de la banda sevillana, le propone a Robe participar en un proyecto tan loco como ambicioso: hacer un disco experimental, de corte conceptual, con más gente de otros grupos pero con planteamientos similares, con los músicos preferidos de cada uno. Años después, Selu lo explicaba así:
“Tenía mi grupo, que estaba por encima de todo, con sus estructuras y sus miras, pero quería hacer algo… No un grupo, pero sí colaborar con gente. Pensé en otros músicos, gente de La Polla, desde luego el Robe… Buscaba acción.”
A Robe le encanta la idea y se mete de cabeza en el proyecto, componiendo por su cuenta con la idea de que sea una sóla canción. Los músicos de esta banda llamada Pedrá pasan a ser: Gary (batería de Quattro Clavos), Selu (saxo y cante jondo, de los Reinci), Iñaki Uoho Antón (guitarrista de Platero Y Tú), Dieguillo “D” (de Quemando Ruedas, al bajo), y Robe (voz y guitarra de Extremoduro).
El encargado de conectar a toda esta plantilla no es otro que Raúl Guerrero, con la dificultad de que cada uno se encontraba en una punta diferente del país. Finalmente este Dream Team se reune en Bilbao y poco a poco van coordinando el trabajo. Explica Iñaki Uoho:
“Fue mucho más literaria e intensa la concepción que la grabación. Aunque la grabación también lo fue, la verdad. Porque tuvo la capacidad de marcar una época de nuestras vidas. Nos prestaron un local de ensayo cerca de Durango (Bizkaia); cada uno veníamos de un lado y allí hicimos una especie de comuna. Yo era de Bilbao, e iba a dormir a casa casi siempre. Robe estaba en casa de Iratxe de prestado; Selu, donde podía, o también donde Iratxe… Estábamos todo el día juntos. Comíamos de prestado, y cuando algún grupo tocaba, llevaba dinero. Llegábamos Robe o yo, y decíamos: He tenido un concierto. Venga, voy a pagar la cuenta de la semana pasada. En algún restaurante se enrollaban con nosotros y nos daban el menú del día, y luego era: Aver, ¿cuánto te debemos? e íbamos pagando la cuenta poco a poco. Hubo pelas de Pedrá que las pagamos años más tarde. Por ejemplo, la del estudio. Aquello era todo intensidad. (…)”
Robe también lo cuenta:
“Yo iba componiendo y cada vez que nos reuníamos en el ensayo ya tenía preparado otro cachito. Se fue haciendo poco a poco y cuando llegamos a media hora, dijimos, se acabó. Yo componía y entre todos lo organizábamos”.
Los músicos, procedentes de lugares tan dispares como Sevilla, Madrid, Barcelona, Vitoria o Bilbao, fijan Zaldíbar (Bizkaia) como cuartelillo de operaciones, donde gracias a la generosidad de colegas, comen y beben mientras duran los ensayos.
Dieguillo "D", ex-componente de Cicatriz, bajista de Pedrá
Dieguillo "D", ex-componente de Cicatriz, bajista de Pedrá. En 1999 también acompañará a Extremoduro en la gira de ‘Moñigos, morid’ –
En principio, el grupo de músicos que crean este proyecto se autodenominan Pedrá, aunque no fuera lo más fácil de vender a una compañía de discos… Cuenta Robe:
“Nuestra compañía lo sacaba pero apostando poquísimo. Eso lo que quiere decir es que te pagues tú el estudio y si después la cosa funciona en las tiendas te devuelven el dinero con más royalties. Eso no nos valía porque ya estábamos entrampados con todos”.
El disco se graba, de fiado, en agosto de 1993 en los estudios Lorentzo Records de Berriz (Bizkaia). El técnico de sonido es Aitor Ariño ayudado en los mandos por Josu Monje. La producción corre a cargo de Iñaki Uoho y durante la grabación colaboran, además de los músicos antes citados, Fito Cabrales de los PlateroRamone, de Capitán Cavernícola. Este último publica sus trabajos como dibujante en la corrosiva y extinta revista de cómic Makoki y es el encargado, como ya se ha dicho, del diseño de la portada.

Por culpa de la discográfica, el proyecto se fue retrasando. Además el hecho de trabajar en él músicos procedentes de lugares tan dispares, tampoco ayudaba en exceso. Todo era más complicado de lo que parecía en principio. Con tiempo y tesón se terminó registrando el trabajo, pero no fue editado por ninguna compañía, dado que según Robe “resultaba difícil encontrar una discográfica dispuesta a arriesgar ante un grupo desconocido”

A cuenta de ello, PEDRÁ, que a la postre también sería el nombre del álbum, tuvo que ser editado y firmado como EXTREMODURO en 1995.
Tras la marcha de Von Fanta y Carlos “el Sucio”, el nuevo encargado de las baquetas pasa a ser el Moja, batería de los Q3, y para el puesto de nuevo bajista habrá dos miembros nuevos: Ramón Sogas, “Mon”, de Q3, (bajo de 4 cuerdas) y Miguel (bajo de 5 cuerdas), al que habían conocido en los locales de Rubí-Rock.
Además, Eugenio “Uge” colabora como tercer guitarrista en algunos temas.
Así, los Extremoduro de esta época se presentaban en escena con dos guitarras y dos bajistas. Lo cuenta Robe:
“De un bajista pasamos a dos: ‘Mon’, bajo de cuatro cuerdas, y Miguel, bajo de cinco cuerdas. Los convencionalismos no nos van para nada. ¿Por qué en una formación, si hay dos guitarristas, no puede haber dos bajos? En una canción, uno hace de base mientras el otro va punteando. Aunque vayamos en la misma escala, vamos a octavas diferentes, buscando sonidos completamente nuevos”.
Extremoduro en un momento de 1993
– La formación de Extremoduro en un momento de 1993, aún con Salo
Sobre septiembre de 1993 sale a la venta el cuarto disco de Extremoduro “¿Dónde están mis amigos?”, donde colabora gente cercana a Robe por esta época, como son Fernando Madina y Selu de Reincidentes o Uoho de Platero y Tú, entre otros.
Poco después otro de los miembros históricos de Extremoduro tira la toalla. Salo abandona el grupo justo antes de un concierto, y Robe y Uge pasan a ocuparse de las guitarras del grupo. Con esta nueva formación, ya sin Salo, actúan por primera vez en la localidad tarraconense de Mora d’Ebre, en lo que es al parecer, una actuación algo caótica… Habla Robe:
“Cada día era algo diferente. Nunca sabía si me voy a saber las letras o no. Ese año hice dos discos… ¿Tú crees que me podía a acordar de lo que decía LA HOGUERA? (…)
Es mi forma de hacer y al que no le guste que se joda. Tengo una manera muy perra de cantar pero es que no puedo hacerlo de otra forma. EXTREMODURO es así, provocamos pasiones extremas. Sé que opinan que Robe no sabe ni cantar ni tocar la guitarra y que mis letras son una mierda, pero también hay gente capaz de hacerse 500 kilométros para venir a vernos”
Robe sala canciller 1994
– Robe en la sala Canciller en 1994
En 1994 y ya en mitad de la gira, nuevamente la formación del grupo sufre importantes cambios: El Moja, Miguel y Uge abandonan el grupo tras varios desencuentros con Robe, quedándose sólo Ramón “Mon”, por lo que Robe se ve obligado a tirar de la gente que le ayudó en Pedrá. Con la alineación de Uoho, Dieguillo, Gary, Selu y Robe afrontan los siguientes conciertos de Extremoduro, tocando el disco de Pedrá al completo (aunque no hubiera salido aún a la venta…) y otros temas del grupo que habían preparado para salir del paso. Después de esto, y puesto que cada uno de ellos tenía sus propios compromisos, Robe rehace la alineación de Extremoduro y así se incorporan Alberto Capi a la batería, e Iñaki Setién “Milindris” a la guitarra, junto a Robe y “Mon”.
Ya son finales de 1994 y Robe, muy cansado de tanto cambio, decide irse a Granada a vivir mientras a su vez, presiona a la discográfica para que publique de una vez Pedrá…

publicidad dro discos Pedrá y otros. Gira 1995
– Cartel de la compañía anunciando el disco de Pedrá como Extremoduro –
Pedrá termina convirtiéndose en un interesantísimo proyecto musical que tuvo continuidad dentro de Extremoduro. El disco, que no fue puesto a la venta hasta febrero de 1995, está compuesto por una única canción de 29 minutos que va desde la pura caña macarra y berreante, hasta las más lacerantes melodías.

Posteriormente se dividió en varios cachos de cara a poder editar algunos fragmentos en un single promocional y con la idea de que también Extremoduro lo incluyera en sus conciertos.
Single Pedrá contraportada
– Contraportada de single de Pedrá
Según Robe, Pedrá habla de la vida:
“En una canción de media hora hay tiempo para contar de todo. A mí es el disco de todos los que he hecho que más me gusta.”
En el libreto del CD aparece un carnet recortable que si se envía da derecho a recibir información periódica del grupo, descuentos en algunos conciertos y acceso directo al merchandising de la banda. Para ofrecer algo diferente a los que envían el carnet, Robe prepara una doble cinta que se llama “Robe, mi pequeña historia”, y que vende únicamente a aquellos que la solicitan. En estas dos cintas se reúne una selección de temas de Extremoduro además de 4 temas inéditos: Autorretrato (Que saldría en el “Canciones Prohibidas” de 1998 pero que en esta versión Robe cantaba en euskera), Caballero Andante (no me dejéis así), Adiós Abanico que llegó el aire y Te juzgarán sólo por tus errores (yo no). No es un mero grandes éxitos. Para preparar estas dos cintas se remezclan los temas en los estudios Lorentzo Records, siendo Iñaki Uoho el encargado del sonido, que además introduce guitarras nuevas en diversos temas.
Robe-mi-pequena-historia
– La doble cinta de Robe mi pequeña historia
Pero quizá nos estemos metiendo demasiado en detalles propios de Extremoduro. Seguiremos con lo que a Pedrá se refiere. Pedrá es oficialmente presentado por Extremoduro en Madrid el 5 de mayo de 1995 en el Pabellón del Real Madrid CF, en un concierto compartido con Platero y Tú, que por aquel entonces presentaban su disco “Hay poco R&R“.
5.000 personas se congregan para ver la entrega de dos bandas que se encontraban en los mejores momentos de sus carreras. Durante el concierto los dos grupos colaboran mutuamente en diversas ocasiones: Robe sale a cantar junto a Fito Ya no existe la vida y  los Platero salen al completo a cantar y tocar La hoguera y Ama y ensancha el alma.

Listado de los temas. PLATERO: Marabao, Tenemos que entrar, Un ABC sin letras, Cantalojas, Hay poco R&R, Rompe los cristales, La maté porque era mía, Si la tocas otra vez, Desertor, Ya no existe la vida (con Robe), Sin solución, Juliette, Somos Los Platero, Tras la barra, Ramón, Si tú te vas /// EXTREMODURO: Emparedado, Pedrá I (Bombas), Pedrá II (Chocho peludo), Quemando tus recuerdos, Pedrá III (Hijos de puta), Necesito Droga y amor, Pepe Botika, La canción de los oficios (cantada por Mon), Historias prohibidas, Lucha Contigo (descanso), Buscando una luna, Arrebato, Correcaminos estate al loro, Jesucristo García, No me calientes que me hundo, Bribriblibli, Extremaydura, Central Nuclear, Decidí (cantada por Mon), Deltoya, La hoguera (con Platero), Ama y ensancha el alma (con Platero).
Fito en un concierto en febrero de 1996
– Fito en un concierto de después, en febrero de 1996 –
Tras reventar el Pabellón del R MADRID CF, Robe se presenta en la sala Mephisto de Barcelona Studio Rock de Madrid con Mon y su paisano José Sañudo (saxo) para dar un concierto acústico que en principio iba a estar basado en recortes de PEDRÁ. Lo cuenta Robe:
“La compañía quería que promocionáramos el último disco, pero a nosotros no nos apetecía hacer eso, así que os vamos a tocar unas cuantas composiciones nuevas a ver que os parecen.”
Y eso fue lo que ofrecieron, cinco temas inéditos de Agila, con el valor de ser inéditos y enteramente en formato acústico. De esta actuación existen algunas grabaciones, que pueden escucharse en el siguiente enlace: Extremoduro acústico 1995.
Acústico 1995
– Acústico con canciones inéditas de Agila, en 1995
Todo parece ir bien después de unos meses complicados, pero de pronto la mala suerte vuelve a aparecer; la gira quiebra su curso natural cuando minutos antes de comenzar un concierto en la localidad alicantina de Pedreguer, Robe se lastima la pierna. Él mismo lo cuenta:
“Hace unos años, un hijo de puta se saltó un Stop con un 1500 y me llevó por delante y ahora me he pegado un resbalón y me he vuelto a joder por lo que tengo que hacer el concierto sentado en un taburete.”
La gira se interrumpe ya que el cantante tiene que ser intervenido. Tras su recuperación se agolpan los conciertos y llega uno de los momentos cumbres del verano con la celebración en el Estadio Román Valero de los MONSTRUOS DEL ROCK DE AKÍ 1995, con Extremoduro cerrando el cartel…
Extremoduro Monstruos 1995 cartel
– Cartel del festival Monstruos de akí, de 1995 –
Pero de esto ya hablaremos otro día. Para finalizar con esta intensísima época de Pedrá, contaremos que Robe prosigue con los últimos bolos de la gira presentando Pedrá y el ¿Dónde están mis amigos?. La gira finaliza en octubre y es por fín en esta gira y a pesar de algunos conciertos caóticos, cuando la banda realiza una gira completa, organizada y decide cuándo parar.
“Por primera vez, acabamos la gira y paramos a componer. Es la primera ocasión en que el grupo paraba, porque hasta aquí siempre que salía un concierto, como eran muy esporádicos, había que dejar todo lo que estabas haciendo para poder pillar las pelas”
Entrada Extremoduro en Bilbao La Casilla 1995
– Entrada Extremoduro en los inicios de la gira, en la Casilla de Bilbao, en 1995
Así, en octubre paran el carro y Robe se retira a su casa de Granada a descansar y componer con calma lo que será el mejor disco de la banda… al menos el más exitoso. El fantástico Agila. De este modo finaliza la época de Pedrá. Una época como ya hemos dicho, intensísima para Robe, con muchos altibajos tanto profesionales como personales, pero saliendo al paso gracias a su constante pelea contra la adversidad. Además en estos años se fraguan grandes amistades que darán lugar años después a proyectos y giras con la gente de Platero y Tú; Iñaki Uoho Antón, compositor y guitarrista de los Platero, nunca volverá a separarse de Robe, produciendo y participando activamente en Agila, y pasando a ser miembro oficial poco después.
casa robe granada
Los Extremo de 1996 en casa de Robe en Granada, junto con Uoho (a la derecha)
contraportada del disco Pedrá
– Contraportada del disco, con un poema de Pablo Neruda
 Extremoduro ha seguido defendiendo en directo Pedrá en cada una de sus giras. A veces más, a veces menos, pero siempre la han tenido presente. Recordamos un concierto de la gira de 2004 donde tras los unos pocos temas Robe ya anunciaba que iban a tomarse un descanso de 20 minutos. Todos nos miramos asustados, pero las caras de susto poco durarían y es que nadie podía esperarse que tocarían Pedrá al completo, de cabo a rabo. De hecho no sabemos si desde 1995 lo habían vuelto a hacer…
Pedrá se trata de una auténtica joya musical que además gana valor cuando se conoce la historia que lleva detrás: la historia de unos músicos que en 1993 se juntan para crear una locura y plasmarla en un plástico redondo.

 

Fuente: Giveevig.com